Podredumbre agonía
Ni una lágrima delata el horror de tu lenta muerte
La angustia pervertida de poetizar el veneno de un Dios
Un amargo desespero
Un fracaso sin remedio
Y la tinta acusadora
Sangre derramada
En la huella del fracaso
Muerte del poetastro
Encerrado en un cajón
Rechazo la bendición
Y en su último suspiro
La tiranía prosiguió:
“De la raíz venenosa
La amapola en su violeta
El hombre en su ignorancia
Tu veneno se tragó”
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