Un tallo desojado como una lagrima en su rostro,
por el viento arrastrado y secado
con argumentos que nacen del corazón,
y de sed un torrente en las venas.
Un cuerpo que se ha convertido en angustia,
tristeza que sin besos no calma
pero en besos felicidad que calla.
Curvas que en sombra se pronuncian,
ante la gloria de una luz germinan,
como amante de la noche viva
como “hembra” que goza su vida.
Tranquilo en las brumas cálidas,
buscando un respiro lavanda
en invierno los pétalos rojos,
que a su boca gustan, sabor a manzana.
En la nube que es la mente
la imagen del hombre fértil,
azuza presencias amadas
desprecia cobarde su alma.
En la última puerta del camino,
Sin herraduras de hierro y menos cerrada,
Sin ropa y sin deseos se escapan
Cuerpos que amor escarban.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por opinar, tu palabra tiene valor.