sábado, 9 de octubre de 2010

1.

El capricho por un vino me desvelo el día, me acomode en el sofá y veía más allá de mis piernas, pensaba en lo estruendoso que puede llegar a ser el silencio, a veces se agitaba, no como una tormenta, sino, como la calma intensa después de ella en el que se estremece el mundo en aparente causa, motivo claro de la ausencia del alma, del cuerpo y la paciencia.

Bailaba el vino tinto en mi vaso donde siempre tomo café, no fue copa rota ni fina cristalería, se sujetaba la oreja en mi mano sin yo hacer ninguna fuerza sobre ella, un poco inclinada, como las revoltosas olas se rebosaba el vino por la boca y después, sin más fortuna deje caer todo entre mis piernas y al sofá.

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