Iban bailando los monstruitos con largas piernas sobre la carretera,
meneando sus largas y enmarañadas cabelleras,
despachando polvos de gran magia
y dejando atrás los sueños de muchos cumpliendo sus loqueras.
Atolondrados de ojos grandes,
atravesados por las calles, iban felices mostrando sus chuecas muelas,
sin afán de mal verse e impregnando su alegría, bastos, troncos, garabatos.
sin afán de mal verse e impregnando su alegría, bastos, troncos, garabatos.
Una niña nada humana, con corazón de hiena y rostro de perezoso,
con sus penas y tristeza derrumbo la fila de troncos,
como cartas muy ligeras cuando el viento sopla caen,
se ha entorpecido el baile, la niña ríe sin reposo;
como hiena burla la felicidad de los otros.
Troncos nada dolidos, sin palabras y gemidos retoman su cantar nada asustadizos
con las manos y sus hojas agarran su garabatico y la trepan en su rama, allá van ... siguen su camino.
Niña intrépida y burlona,
tronco de polvos caprichosos,
de cantos y danzares su espíritu ya es gozo.
Perezoso intencionado de sonrisas y carismas, sobre el tronco va cantando y la calle asi mirando,
olvidó que es la tristeza y aun aunque fuese como hiena su sonrisa y muy burlesca, es para la vida tierna.
. . . e Iban bailando los monstruitos con largas piernas sobre la carretera,
meneando sus largas y enmarañadas cabelleras,
despachando polvos de gran magia
y una niña con rostro de oso perezoso y risas de hienas,
le regala a la humanidad un rato de felicidad completa.
le regala a la humanidad un rato de felicidad completa.
